Mujer. Ventana. Platón. Frustración.
Te encanta este mundo: políticos que trabajan sin cobrar, jueces que desenmascaran y castigan al culpable, policías que protegen al ciudadano a todo coste, se trabaja y se estudia por y con placer, ladrones que sólo roban besos, gente que se enamora de interior de las personas, la meta en la vida es la felicidad.
Qué bonito.
Ahora vas y te despiertas.
Cuando entra la pelirroja se desabotonan las bocas de trescientos sementales descosidos. La música se acompasa a sus tacones y se recomponen ojos licuados en copas de vino. Ella, sabedora, desnuda lo único puro que tiene en su tiránica sonrisa, y aun así, uno solamente quiere escalar hasta sus opresivos gemelos firmamentos.
Hipnotiza su falda, yugo narcótico de la mirada, entre vaivenes.
Incluso se inclina la cancerígena neblina cortés ante su paso.
Tantas cicatrices en tu piel como errores por cobardía y debilidad cometidos. Tantas marcas por no defender tu instinto de bienestar, tanta nostalgia falsa por falsas ilusiones de quitaypon. Tanta admiración como falta de criterio. Tanta mirada zalamera como ojos tapados. Tanto rojo tapando castaño como tanto azul tapando negro desteñido. Tanta tú como tan poca tú.
Por Alejandro Candela Rodríguez |
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